Lo que fue increíble es el lugar que ocupó El imperio de los sentidos dentro del cine de autor: una película de un director reconocido, pero japonés, estrenada en certámenes como Cannes y con el condimento de un sexo tan explícito que deja a Bajos Instintos reducida a una del Pato Donald.
Debutó en 1976 y logró ese recorrido de prestigio que promete el tour festivalero. Además tuvo la suerte de empezar con una censura japonesa y eso, precisamente, motivó un conversado estreno internacional. Francia, por ejemplo, la distribuyó en las salas sin restricciones de ningún tipo.
Nagisa Ōshima era uno de los directores de la bautizada Nueva Ola japonesa. El imperio de los sentidos muestra enfáticamente la relación sexual entre Eiko Matsuda y Tatsuya Fuji, pero lo genial es que uno tiene que ver el coito como si estuviera en presencia de Truffaut. La broma sigue siendo infinita y esa contradicción le encantaba al director: “La pornografía probablemente fue inventada como una manera de evitar pensar directamente en el sexo”, decía al mejor estilo Byung-Chul Han.
¿Era pornografía o era cine? Ōshima se encogía de hombros. La crítica la consideraba una obra de arte, mientras en su país el director, ya fallecido, terminaba procesado por obscenidades de todo tipo y factor.
El imperio… gira en torno a dos amantes desquiciados que no pueden dejar de amarse delante de cámara. Se dice que Ōshima no fue el primer director en mostrar genitalidades, pero sí fue el primero en introducir la pornografía en el cine serio.
