La Historia de María Abriani: Un Viaje entre Dos Mundos
Encuentro con el Pasado en las Islas Malvinas
Durante una de sus primeras exploraciones por las islas, María Abriani, de 50 años, se topó con un hallazgo inesperado: restos de un avión que habían sido casi borrados por el tiempo y la historia. Tras la guerra, los británicos habían eliminado toda insignia argentina; sin embargo, un fragmento del fuselaje aún conservaba la escarapela nacional. Este trozo pertenecía al avión del piloto argentino Fausto Gavazzi,quien fue derribado en Malvinas por fuego amigo mientras regresaba tras atacar al buque inglés HMS Glasgow.
María guardó ese fragmento durante 25 años hasta que el año pasado lo entregó a Victoria gavazzi, hija del piloto. “Estaba feliz”, recuerda María con una voz suave y serena que contrasta con la intensidad de su historia personal. A los 24 años dejó Argentina y se convirtió en la primera mujer argentina en casarse con un isleño después del conflicto.
La conversación tuvo lugar en un bar emblemático de Buenos Aires. Mientras afuera el bullicio era constante, dentro María hablaba despacio y tímidamente, como si hubiera adoptado la calma propia de las islas.
Un viaje Transformador
Originaria de Capital Federal, María comenzó a tomar clases de pintura antes incluso de finalizar sus estudios secundarios. Aunque inició estudios en Bellas Artes y francés,pronto abandonó esas carreras para seguir su instinto hacia la fotografía. Este impulso artístico fue lo que finalmente le llevó a cruzar el Mar Argentino hacia Malvinas.
“Mi primer viaje fue para capturar imágenes y pintar porque no conocía a nadie que hubiera ido allí ni mostrado fotografías”, relata sobre su experiencia a finales de 1999. Hasta entonces había existido una prohibición para los argentinos respecto al ingreso a las islas desde el conflicto bélico; sin embargo, gracias a un acuerdo entre Gran bretaña y Argentina ese año se reanudaron los vuelos comerciales.
“Quería mostrar algo diferente”, explica sobre su motivación para visitar Malvinas sola durante una semana.En ese vuelo coincidió con familiares de excombatientes; esa experiencia resultó profundamente conmovedora ya que visitaron juntos lugares donde ocurrieron batallas e incluso cementerios donde lloraban por sus seres queridos caídos.
“Viví el dolor desde ambas perspectivas”, confiesa María mientras reflexiona sobre cómo aprendió a respetar las vivencias ajenas debido a esta experiencia compartida.
La Vida Cotidiana en Malvinas
Al llegar a las islas sintió inmediatamente la fuerza del viento frío y notó lo desoladas que eran algunas áreas fuera Puerto Argentino: pequeños pueblos habitados por escasas personas sin hospitales ni escuelas presenciales; los niños estudiaban mediante radiofonía mientras los supermercados abrían solo tres veces por semana. Esta vida tranquila cautivó profundamente a María: “me encantan esos lugares solitarios rodeados por naturaleza”.
Su historia amorosa comenzó durante este primer viaje cuando conoció al padre de sus hijos —también artista— tras varias idas y venidas entre Buenos Aires y Malvinas decidieron establecerse allí permanentemente viviendo inicialmente junto a su suegra quien había tenido una relación previa con un argentino antes del conflicto bélico.
La adaptación no estuvo exenta desafíos sociales como prejuicios o malentendidos culturales pero también trajo consigo oportunidades laborales diversas —desde restaurantes hasta centros deportivos— ya que había abundancia laboral aunque existieran escalas económicas similares al resto del mundo occidental.
María dio vida allí junto con su pareja formando una familia multicultural donde sus hijos crecieron hablando tanto español como inglés debido al entorno familiar diverso e inclusivo creado alrededor suyo.
Reflexiones sobre Identidad Cultural
después diez años residiendo en Malvinas —y dos más viviendo temporalmente en Sídney— decidieron regresar definitivamente Buenos Aires buscando nuevas oportunidades educativas para sus hijos quienes rápidamente se adaptaron enamorándose así mismo esta vibrante ciudad llena posibilidades recreativas deportivas culturales etcétera…
A pesar haber dejado atrás físicamente aquel hogar insular nunca ha olvidado aquellas experiencias vividas ni tampoco ha cortado vínculos afectivos pues mantiene contacto regular tanto amistades locales como familiares residentes allá reconociendo siempre cuánto extraña esa paz natural característica única región sur atlántico…
En cuanto relaciones humanas construidas durante esos años destaca especialmente conexión profunda establecida varios excombatientes quienes compartieron historias desgarradoras pero también momentos significativos logrando sanar heridas pasadas juntos creando puentes empatizando mutuamente cada uno llevando carga emocional distinta pero igualmente válida…
Hoy día continúa formándose profesionalmente dedicándose nutrición además enseñando yoga manteniendo presente legado cultural forjado múltiples identidades coexistentes enriqueciendo así misma comunidad actual donde reside actualmente…
