La Travesía de un Turista en Berlín: Entre la Impunidad y la Realidad
El Encanto de Berlín y el Desafío del Turismo
La sensación de poder moverse con astucia al borde de las reglas puede ser tentadora, especialmente cuando se viaja a un país extranjero. sin embargo, esta percepción puede llevar a situaciones inesperadas, sobre todo si se piensa que en ese nuevo entorno nadie está familiarizado con los trucos del juego. Este fue el caso de un grupo de jóvenes turistas en berlín, donde la realidad superó sus expectativas.Después de recorrer incansablemente las calles berlinesas, el sol se ocultó y nos encontramos lejos del albergue. Decidimos concluir nuestra jornada disfrutando unas cervezas en un bar local. A pesar del cansancio acumulado, éramos siete amigos de 23 años explorando Europa por primera vez; así que la fatiga no era una opción.
Durante nuestra estancia en el bar, conocimos a un francés al que convencimos ingeniosamente de que yo había sido jugador juvenil en River Plate. Su entusiasmo fue tal que nos invitó a cervezas toda la noche. En 2014, con las redes sociales aún no dominando nuestras vidas como hoy lo hacen, no había necesidad urgente de presentar pruebas para respaldar nuestras afirmaciones; bastaba con mostrarle una foto del equipo y señalar al Pity Martínez como si fuera yo mismo.
Mis amigos compartían anécdotas futbolísticas mientras yo asentía con nostalgia fingida y gesticulaba como si estuviera reviviendo esos momentos gloriosos. El francés estaba encantado; pedía más cerveza mientras escuchaba mis relatos ficticios sobre mi supuesta carrera deportiva. Al final de la noche, impulsados por nuestro orgullo nacionalista, solicitamos al dueño del bar poner música argentina: Los Piojos resonaron durante un buen rato entre risas y brindis.
Un Encuentro Inesperado con la Ley
Cuando decidimos regresar al hostel ya era bastante tarde. Aunque el francés intentó acompañarnos, su interés comenzó a parecer sospechoso para nosotros.
En Roma habíamos adquirido billetes para usar el transporte público sin problemas; sin embargo, antes incluso de abordar nuestro primer autobús allí nos sugirieron entrar por detrás sin pagar—una práctica común entre los locales—y aunque dudé inicialmente («Esto es Europa», pensé), acabamos cediendo ante esa tentación momentánea. Al día siguiente fuimos introducidos a otro ritual: saltar los molinetes del metro gracias a amables ciudadanos alemanes.
Al alejarnos lo suficiente como para evitar repetir nuestra larga caminata hacia atrás hasta el hostel decidimos descender al metro tras leer algunos carteles (o más bien interpretar dibujos). Para nuestra sorpresa descubrimos que no había molinetes ni controles visibles; así que optamos por subirnos sin pensar demasiado en ello.
Mientras viajábamos observábamos todo lo nuevo alrededor: desde los letreros alemanes hasta las expresiones cansadas pero cotidianas en los rostros ajenos después de una jornada laboral normal—un contraste fascinante frente a nuestros propios rostros fatigados pero emocionados por estar allí juntos: El Chino, Pipi, Germán (Ger), Miguelito (Nato) y Julieta estaban todos presentes excepto Negro quien decidió quedarse atrás esa noche.
Al llegar a nuestra estación Juli exclamó «Es acá». Las puertas se abrieron justo cuando nos encontramos cara a cara con varios policías intentando ingresar al vagón donde estábamos desembarcando.
«Tickets», exigió uno mientras cinco uniformados rodeaban nuestro grupo—cuatro hombres y una mujer cuya expresión indicaba claramente que las cosas podían complicarse rápidamente para nosotros. Comenzamos una búsqueda teatral e innecesaria entre nuestros abrigos buscando tarjetas invisibles o haciendo gestos absurdos revisando cada rincón del vagón vacío tras nosotros—a medida que comprendíamos cuán inverosímil resultaría explicar cómo habíamos perdido siete billetes dentro apenas diez minutos previos.
Uno dijo «We don’t know» agitando su dedo nerviosamente mientras intentaba explicarle amablemente al policía más accesible sobre cómo buscábamos dónde comprar boletos… solo para recibir como respuesta su mirada severa señalándonos un cartel donde lamentablemente entendíamos perfectamente lo escrito gracias a sus ilustraciones claras e inequívocas:
«It’s too late right now», respondió secamente uno robusto cuyo acento alemán hacía eco agresivo incluso hablando inglés básico.
Julieta interrumpió diciendo «No money». Pero él apuntó hacia su riñonera abierta insinuando haber visto dinero ahí dentro… Y así comenzamos ese intercambio incómodo donde ellos querían cumplir su deber mientras nosotros tratábamos desesperadamente evitar pagar algo tan absurdo como cincuenta euros—una suma considerablemente alta considerando nuestro presupuesto limitado destinado principalmente comida económica durante esos días aventureros.
Pipi intentó regatear ofreciendo solo veinte euros pero pronto me vi sacando mis billetes resignadamente porque tener nueve policías comunicándose entre sí mediante radios alemanas frente mío no formaba parte exactamente mi plan turístico ideal aquí…
Reflexiones Finales Sobre Nuestra Experiencia
Finalmente logramos reunir trescientos euros contando monedas pequeñas frente aquellos oficiales impávidos quienes parecían disfrutar cada segundo viendo cómo luchábamos contra este sistema implacable… Una experiencia amarga pero educativa respecto qué significa realmente hacerse “el vivo” fuera casa propia.
Salímos discutiendo quién tenía mayor responsabilidad sobre esta situación ridícula sintiéndome peor respecto aquel francés simpático quien simplemente quería compartir unas cervezas amistosas aquella noche anterior… ¿Acaso habríamos creado alguna especie deuda cósmica?
A partir siguiente día adquirimos nuestras tarjetas correctamente evitando caer nuevamente ante tentaciones similares cruzándonos cuidadosamente por sendas peatonales asegurándonos nunca colarnos accidentalmente otra vez ni inventar historias absurdamente engañosas sólo buscando beneficios momentáneos…
El Negro finalmente se sumaría después contándole acerca incidentes pasados riéndose junto nosotros asegurándose nunca sacar tarjeta porque creía tener suerte suficiente evitando ser detenido nuevamente… Pero claro eso cambió rápidamente cuando dos inspectores aparecieron pidiendo tickets durante otro viaje subterráneo obligándolo enfrentar consecuencias similares enfrentadas previamente…
Así aprendímos valiosas lecciones acerca límites personales versus sistemas establecidos recordándome siempre cuán fácil resulta hacerse “el vivo” hasta encontrarse atrapado dentro red propia trampa creada inconscientemente!
