La Cuba de los 90: Un Viaje a Través del Periodo Especial
La Oscuridad y la Escasez en la Isla
Durante el denominado «periodo especial», que comenzó en 1991, las ciudades cubanas se sumieron en una penumbra casi total durante las noches. Durante el día, los habitantes se desplazaban a pie hacia sus trabajos y escuelas, ya que no existía la opción de teletrabajo. Este contexto marcó un periodo de grandes privaciones.
Uno de los aspectos más sorprendentes era el estado de los autobuses. Estos vehículos, ya bastante antiguos para entonces, habían sufrido modificaciones drásticas; por ejemplo, muchos carecían de parabrisas.En su lugar, se les habían instalado arneses conectados a ejes delanteros y eran tirados por caballos. Los conductores manejaban desde un espacio vacío donde antes estaban los cristales frontales; al gritarles a los caballos comenzaban a trotar con su carga.
Los autobuses estacionaban en plazas para recoger un número limitado de pasajeros debido al peso que podían soportar y realizaban trayectos entre pueblos cercanos.Solo unos pocos vehículos autónomos operaban en ese tiempo, probablemente pertenecientes a servicios gubernamentales o fuerzas del orden. A medida que avanzaba la crisis, las bicicletas comenzaron a proliferar gracias a importaciones urgentes desde china.
Por las calles resonaba el sonido grave de generadores eléctricos instalados en hospitales y comisarías; era una Cuba marcada por la pobreza extrema y el desamparo generalizado: caballos transitando por las vías mientras muchas casas cocinaban con leña ante la escasez crónica de alimentos.
La falta severa de nutrientes provocó brotes nuevos de enfermedades relacionadas con deficiencias vitamínicas. Las dietas se redujeron drásticamente hasta llegar al extremo creativo pero desesperado: platos como «bistec» hecho con cáscaras cocidas de toronja.
El Colapso Soviético y sus Consecuencias
El colapso definitivo de la Unión Soviética reveló cuán dependiente era Cuba del apoyo ruso—una relación que nunca se había anticipado podría terminar abruptamente. En aquel momento crítico ni siquiera existían fábricas locales para producir utensilios básicos como sartenes u ollas; todo provenía directamente desde Moscú, incluyendo incluso maestros para educar a las nuevas generaciones.
Esta dependencia fue similar—aunque bajo diferentes circunstancias—al vínculo establecido posteriormente con el régimen chavista venezolano sin explorar alternativas viables.
La crisis económica iniciada en 1991 cortó drásticamente el suministro petrolero hacia Cuba e intensificó aún más las dificultades tras el endurecimiento del embargo estadounidense desde 1992. Washington esperaba que esta presión económica llevara al régimen cubano al colapso; sin embargo, lo único evidente fueron consecuencias devastadoras para la población civil.
De manera abrupta, Cuba vio cómo su comercio exterior disminuyó un 80% y sus importaciones cayeron un 75%. La economía sufrió una contracción cercana al 40%. Un dato significativo ilustra este desastre económico: mientras que en 1990 el Producto Bruto interno (PBI) alcanzaba los $32 mil millones USD, dos años después esa cifra descendió por debajo de $20 mil millones USD—aquí es donde comenzó realmente una caída libre económica alarmante.
El Maleconazo: Un Clamor Popular
Las condiciones sociales descritas anteriormente desembocaron en uno de los episodios más significativos contra el régimen conocido como “maleconazo”.
El 5 agosto del año 1994 miles se congregaron alrededor del malecón habanero impulsados por rumores sobre embarcaciones dispuestas a cruzar hacia Estados Unidos. Ante la falta realización efectiva estos rumores estallaron protestas masivas contra lo que muchos empezaron a llamar dictadura cubana.
Fidel Castro tomó medidas inmediatas para sofocar estas manifestaciones personales pero este evento marcó también otro fenómeno notable: miles comenzaron su travesía marítima conocida como “balseros”, abandonando así una isla llena desesperanza bajo consentimiento tácito del gobierno cubano. Esta situación ha dejado huellas profundas; hasta hoy Cuba ha perdido aproximadamente un cuarto parte significativa su población joven buscando mejores oportunidades fuera del país.
