Celebrando 52 Años de Amor: La Historia de Norma y Mario
Un Encuentro Familiar
«Cuando no está, la extraño mucho. Me encanta trabajar con ella», comparte Mario Risé, mientras su esposa Norma Pedrotti le corrige un pequeño detalle en su frase, provocando risas entre ambos. Así es como se complementan después de más de cinco décadas juntos; una conexión que trasciende las palabras.
Norma (76) y Mario (78) reciben a Clarín en el acogedor patio de su hogar, donde celebran sus 52 años de matrimonio. Con orgullo, Mario muestra un pizarrón donde ha escrito: «Feliz 52 años aniversario para nosotros». Cada mañana comienza con el desayuno que él prepara para ella. «Mi despertador es él con su desayuno», dice Norma sonriente. En unas horas,planean un nuevo viaje: 22 días en barco hacia Italia para celebrar el amor que comenzó cuando ella tenía solo 16 años y él 18.
De Valeria del Mar a una Casa Artística
La casa que ahora abren al público desde 2014 no fue donde comenzó su historia; esa se remonta a 25 de Mayo, un pequeño pueblo en Buenos Aires donde se conocieron durante la secundaria. «Yo tenía 16 y él 18», recuerda Norma con nostalgia. Mario revela entre risas que tuvo que repetir dos años escolares para poder acompañarla al viaje de egresados del ’67; son la única pareja del grupo que aún permanece junta.
El primer intento romántico fue complicado: durante un baile, Mario invitó a Norma a bailar mediante el clásico “cabeceo”, pero cuando llegó el momento decisivo, ella cambió de opinión por vergüenza. Sin embargo, tras tres meses viviendo tan cerca —a solo tres cuadras— logró conquistarla.
Con los años llegaron los trabajos y la familia; Norma trabajaba como profesora de Geografía mientras Mario estaba empleado en el Banco Provincia. Cuando lo trasladaron a Villa Gesell, decidió seguirlo aunque enfrentaron dificultades para encontrar vivienda adecuada hasta llegar a Pinamar.
Construyendo Sueños Juntos
Después de siete años en Pinamar comenzaron a buscar algo más permanente y encontraron terreno en Valeria del Mar. Allí empezó una nueva aventura: construir su hogar ladrillo por ladrillo durante dos largos años antes mudarse justo antes de Navidad en diciembre de 2007 sin puertas ni ventanas.
Al llegar allí vivían con Carolina —su hija menor— quien hoy es directora cinematográfica y psicóloga; Matías —el mayor— es abogado residente en Capital Federal; Lucas —el hijo del medio— transformó la casa familiar convirtiéndola prácticamente en una obra artística llena colorido e ingenio creativo.
Lucas siempre ha trabajado creando arte sobre telas y muebles dentro del hogar familiar e incluso intervino piezas antiguas traídas desde Estados Unidos o Santa Fe mientras sus padres estaban fuera disfrutando vacaciones.
Abriendo las Puertas al Arte
Cuando Lucas comenzó a ganar reconocimiento internacionalmente especialmente desde México surgió la idea familiar abrir las puertas al público ya jubilados buscando mantener ocupadas sus vidas creativamente después que sus hijos dejaran el nido vacío.
Desde entonces han recibido visitantes atraídos por lo singularidad arquitectónica exterior así como también gracias al boca-oreja impulsado por apoyo municipal convirtiéndose así pioneros locales abriendo una casa dedicada al arte dentro del partido Pinamar.
En lugar cobrar entrada decidieron ofrecer té acompañado por recorridos guiados contando historias sobre cada rincón decorado artísticamente generando conexiones humanas profundas entre ellos mismos e invitados quienes empezaron celebrar cumpleaños allí mismo compartiendo momentos entrañables alrededor mesas grandes llenas comida casera preparada por ellos mismos.
La Cocina Abuelos: un Éxito Comunitario
Uno evento destacado fue “la cocina abuelos” donde invitaron personas trayendo productos típicos provenientes directamente desde pueblos cercanos creando platos tradicionales como sorrentinos hechos completamente desde cero junto flanes caseros logrando reunir generaciones diversas bajo mismo techo sin importar edad ni antecedentes previos entre ellos.
“Cuando todos se sentaron alrededor mesa apagaron celulares”, recuerda emocionado Mario enfatizando importancia conexión humana real frente tecnología moderna presente hoy día.
Las visitas continuaban creciendo incluyendo talleres creativos abiertos todos domingos además recibiendo grupos escolares quienes cariñosamente les llaman “abuelos”.
Mario también comparte juguetes artesanales fabricados manualmente regalándolos niños pequeños quienes visitaban regularmente dejando huellas memorables tanto visuales emocionales dentro comunidad local misma vez fomentando creatividad colectiva enriquecedora experiencia vital compartida juntos cada día transcurriendo alegremente rodeados amor verdadero mutuo constante reflejado entorno cálido creado juntos ambos cómplices inseparables hasta hoy día manteniendo viva chispa inicial encendida hace más cinco décadas atrás demostrando poder perdurable amor genuino capaz transformar vidas cotidianas extraordinarias obras arte vivientes mismas construidas diariamente codo codo mano mano corazón corazón…
