La Última Actuación de Nicolás Maduro: Entre la Ironía y la Desafiante Resistencia
Un desenlace Inesperado
En noviembre, cuando Donald Trump le impuso un ultimátum a Nicolás Maduro para que abandonara el poder, el presidente venezolano optó por salir a las calles y bailar. A medida que aumentaba la presión de Estados Unidos, especialmente tras la incautación de un petrolero venezolano, Maduro eligió cantar en lugar de moderar su postura. Sus provocaciones públicas culminaron en una serie de actos que finalmente llevaron a su captura por parte del gobierno estadounidense.Lejos de adoptar un enfoque más conciliador ante las crecientes amenazas externas, el mandatario depuesto se entregó al espectáculo público. Con música vibrante y gestos festivos, sus últimas semanas en el poder se convirtieron en una mezcla entre propaganda política y negación del conflicto. Su estrategia parecía ser una apuesta final para proyectar una imagen invulnerable.
«A Mí No Me Para Nadie»
A finales de noviembre, durante un evento que combinaba fervor político con ambiente estudiantil, maduro pronunció una frase emblemática: “A mí no me para nadie”. En medio de ritmos electrónicos y consignas pacifistas, acusó a Washington de llevar a cabo “acechanzas” contra su gobierno.
Desentendido del tono bélico del contexto internacional, cerró su discurso con un llamado festivo: “Es viernes; ¿y qué pasa los viernes? Venezuela se declara en rumba total”. Mientras universitarios lo acompañaban coreando sus palabras desde el escenario, sonaba música electrónica con mensajes sobre paz.
Durante este acto también instó a los jóvenes venezolanos a contactar movimientos estudiantiles estadounidenses para exigir el cese del conflicto bélico. La atmósfera culminó emocionalmente cuando una joven le gritó: “¡Maduro te amo!”, recibiendo como respuesta: “Yo también te amo”, antes de afirmar que ese amor le daba fuerza frente a los desafíos.
Mensajes Musicales Ante la Adversidad
El 11 de diciembre marcó otro momento significativo cuando Maduro interpretó «Don’t Worry Be Happy»,clásico popularizado por Bobby McFerrin. Vestido con un sombrero caribeño amplio, dedicó esta canción «a los ciudadanos estadounidenses opuestos a la guerra». Mientras cantaba sobre mantener la felicidad ante las adversidades internacionales —en particular tras denunciar la incautación del petrolero Skipper— prometió proteger todos los buques comerciales venezolanos.
Su actitud continuaba pareciendo desconectada respecto al clima tenso que rodeaba al país; sin embargo, mantenía firme su mensaje optimista mientras bailaba al ritmo alegre.
Celebraciones Navideñas Con Sello Chavista
La noche previa a Navidad fue testigo nuevamente del estilo característico de Maduro durante una cena navideña dedicada «por la paz y felicidad» en Caracas.Con bufanda festiva y gaitas sonando detrás suyo mientras tocaba timbales junto con vecinos locales —un bastión histórico chavista— reafirmó su resistencia contra lo que denominó imperialismo estadounidense.
“Yo no he sido ni seré jamás un magnate; soy hombre del pueblo”, insistió antes cerrar el evento animando al público: “¡A comer! ¡A bailar!”.
Respuesta Festiva Ante Amenazas Militares
un día después del anuncio por parte Trump sobre posibles ataques militares contra Venezuela relacionados con narcotráfico,Maduro respondió nuevamente desde Caracas mediante música y baile. Durante este acto oficial reclamó insistentemente por «paz eterna» mientras enviaba mensajes directos hacia Washington utilizando frases en inglés como parte integral de su discurso.
La escena se transformaría rápidamente en lo que parecía ser una fiesta improvisada donde funcionarios bailaban junto él bajo ritmos electrónicos celebratorios mientras repetía eslóganes pacifistas como «no crazy war».
El Último Encuentro Antes Del Fin
Pocas horas antes ser capturado por fuerzas estadounidenses tras meses desafiantes frente al poder norteamericano , recibió al enviado especial chino Qiu xiaqi en Miraflores donde discutieron acerca d euna supuesta unión inquebrantable entre ambos países .
La reunión duraría tres horas e incluiría momentos distendidos pero también reveladores , ya que ante preguntas curiosas sobre dedicatorias escritas dentro regalos ofrecidos , esquivaría respuestas concretas dejando caer comentarios ambiguos .
“Siempre victoriosos”, dijo despidiéndose; unas palabras más dirigidas quizás hacia Washington que hacia Beijing . Horas después caería definitivamente el telón sobre esta actuación pública llena tanto ironías como desafíos directos .
