Cantan bajo la lluvia y a nadie le importa terminar empapado, ni siquiera con un amenazante resfrío por venir. Estudiantes disfruta la tormenta perfecta y sus hinchas otro éxito en el clásico. Por el fútbol de Joaquín Tobio Burgos, un chico de 21 años que viaja en bicicleta al Country de City Bell pero parece a bordo de un Fórmula 1 cada vez que encara sobre el césped de La Plata. Por Tiago Palacios, uruguayo con clase que ostenta la “10” en la espalda. Por Alexis Castro, que heredó su apodo del distinguido Pucho de Argentinos Juniors y fuma bajo el agua que arrecia en 57 y 1. Por un rival que muy pronto se quedó con diez hombres, que terminó con nueve por una segunda expulsión y dilapidó todo el potencial que había mostrado en la primera etapa.
Sí, el exceso de adrenalina, la disputa de una pelota por vehemencia, cambió el partido para Gimnasia. Alexis Steimbach fue abajo en la búsqueda del anticipo, pero se pasó de rosca y el impacto en la canilla de Tobio Burgos fue una acción de juego brusco grave. Eso sí, Yael Falcón Pérez necesitó de la advertencia del VAR para corregir la amarilla, insuficiente por el carácter del golpe, y mostrar la roja que correspondía.
Hasta ese momento, Gimnasia había logrado incomodar a Estudiantes, que a pesar de hacer gala de la tenencia de la pelota no había sido gravitante. Nacho Fernández, en la posición de enganche, hacía jugar a un equipo bien directo que sumaba pocos pases y llegaba hasta el dominio de Fernando Muslera. La jugada más clara partió de los pies del capitán tripero, que le permitió a Agustín Auzmendi sacudir con un derechazo que encontró una notable reacción del arquero uruguayo.
El partido era intenso, muy cortado por las infracciones y Estudiantes no lograba profundizar. Hasta que Gimnasia se quedó con un hombre menos y los pinchas empezaron a sacar ventaja. Especialmente, por afuera con Tobio Burgos. El joven extremo de 21 años, ya sin Steimbach por delante, fue más desequilibrante.
Se había advertido que por ese sector podía lastimar Estudiantes con un par de jugadas. Primero, a través de un centro atrás de Tobio Burgos, un pase pinchado de Castro y una deficiente resolución de Tiago Palacios, exigido. Después, con otro envío pasado de Tobio Burgos que Baltasar Rodríguez no pudo definir porque pifió la volea. Hasta que llegó el grito de la multitud con una cesión quirúrgica de Gastón Benedetti, un toque hacia afuera de Castro, otro desborde de Tobio Burgos y una bomba de Eros Mancuso, libre por la derecha, para romper el arco de Nelson Insfrán.
Hubo un rebote que descolocó al arquero formoseño, quien solo había atajado un tirito de Tiago Palacios en el arranque y luego evitó el segundo en el final del primer tiempo, cuando Castro dejó a Adolfo Gaich mano a mano y el disparo del gigante explotó en el pecho de número uno. Después, tapó un tiro libre de Castro.
Con uno menos para encarar la segunda parte, Gimnasia intentó maquillar la inferioridad numérica. Sin embargo, en un puñado de minutos sufrió otra baja por la expulsión de Germán Conti, quien primero bajó una pelota con su mano casi como un basquetbolista y tres minutos después, golpeó a Gaich en el intento por rechazar contra la raya. Ariel Pereyra buscó reorganizar el equipo con la salida de Ignacio Miramón y el ingreso de Juan Cruz Cortazzo, un zaguero que sufrió siempre.
El clásico se terminó un ratito después, cuando el propio Gaich habilitó a Tiago Palacios y cuando quedó cara a car con Insfrán definió con un remate cruzado, de zurda, que se clavó arriba en el ángulo. Fue el mazazo letal para Gimnasia, que ya no pudo volver a ser competitivo y padeció el bullying de la tribuna al grito de “ole, ole”.
Con la victoria en el bolsillo, Alexander Medina empezó a refrescar pensando en la inminente revancha ante Universidad Católica en Chile por la Libertadores. Entraron Eric Meza, Guido Carrillo y Joaquín Correa, nada menos, que no jugaba ante Gimnasia desde 2014. El tucumano dejó su huella en una recuperación la mitad de la cancha y la asistencia para Tobio Burgos, que confirmó su gran noche con una definición bárbara en otro mano a mano con Insfrán.
Pereyra ya no buscaba descontar sino lograr el control de daños con las salidas de Nacho y Auzmendi y los ingresos de Manuel Panaro y Matías Melluso. Pero resultó imposible de contener Estudiantes, que seguía ofreciendo futbolistas ofensivos con Edwuin Cetré y José Sosa. El Príncipe ejecutó un córner, hubo un doble rechazo y la pelota volvió a Castro, que de espaldas la cobijó con su pecho, giró y arremetió con un zurdazo inatajable para Insfrán.
Lo que siguió fue un final en el que Falcón Pérez tuvo piedad y no adicionó ni un minuto más. Estudiantes volvió a ganar, como casi siempre entre estas diagonales. Gimnasia venía dulce con tres triunfos en cadena, pero el eslabón se le cortó en el partido que más solidez necesitaba.
Estudiantes vs Gimnasia, minuto a minuto:
