Rodrigo Cunqueiro: El Artista Callejero que deslumbra en el Abasto
En el bullicioso barrio del Abasto, un rincón se ha convertido en un punto de atracción inusual. No son solo jóvenes o adultos los que cruzan por allí; también ciclistas de delivery hacen una pausa para disfrutar del espectáculo. «¿Quién es? ¿Es conocido?», murmuran los transeúntes mientras observan a un artista callejero que cautiva a todos en el semáforo de la intersección entre Avenida Corrientes y Anchorena.
Un Talento Único
la actuación de este artista no solo genera admiración, sino también cierta tensión ante la posibilidad de un error. Aún no familiarizado con la zona,está ajustando su ritmo y sus movimientos al tiempo limitado que ofrecen los semáforos: menos de un minuto en uno y más en otro. Con cinco pelotas siempre en movimiento, corre incansablemente entre diferentes puntos, mostrando habilidades superiores a las habituales.
«¿No es local?», «¡Es increíble! ¿De dónde salió?», son algunas reacciones que se escuchan mientras la multitud se aglomera para observarlo. Este hombre delgado y ágil hace una pausa para refrescarse antes de continuar su actuación.»Estoy aprendiendo cómo funcionan estos semáforos; es mi primera vez aquí», comenta Rodrigo Cunqueiro (43), originario de Balcarce y residente ocasional en buenos Aires.
Dedicación y Esfuerzo
Rodrigo entrena diariamente durante aproximadamente cuatro horas; considera esto como pura práctica necesaria para mantener su nivel artístico. Mientras habla con entusiasmo sobre su rutina, regresa rápidamente al centro del escenario improvisado: comienza a cabecear una pelota, patea dos más simultáneamente y realiza malabares con destreza impresionante. La multitud parece silenciarse momentáneamente antes de estallar en aplausos y bocinazos como forma de reconocimiento por su esfuerzo.
Después de haber estado actuando durante una hora sin descanso —recaudando alrededor de doce mil pesos— acepta tomarse un café mientras conversa con Clarín sobre las dificultades del día a día como artista callejero: «Es complicado; cada vez cuesta más mantenerse activo físicamente, pero lo peor es lo agotador que puede ser concentrarse».
Con 16 años dedicándose a esta actividad desde sus 27 años, ha aprendido a sobrevivir gracias al arte urbano: “Tengo algunos pequeños negocios que me ayudan económicamente, pero busco algo más estable”, expresa con humildad.
Vida Familiar e Innovación Artística
Rodrigo vive actualmente en Mar del Plata junto a su esposa Damaris y sus dos hijos pequeños: Joaquín (4) y Clara (2). Ha encontrado éxito trabajando regularmente en Quintana y La Costa —considerado por él como el mejor semáforo— donde ha ganado reconocimiento gracias a su constancia e innovación constante dentro del arte callejero.
Recientemente comenzó a compartir videos e imágenes mostrando sus habilidades acrobáticas en redes sociales e interactuando con seguidores mediante desafíos creativos relacionados con celebridades deportivas como Emiliano Martínez: “Si él puede hacer esto será el mejor arquero”, dice mientras muestra sus malabares complejos.
Gracias al contenido viral generado por estas publicaciones, Rodrigo ha sido contratado para eventos privados donde disfruta trabajar bajo condiciones más estables comparadas con las exigencias diarias del semáforo. Recientemente participó en un evento especial donde ganó 200 mil pesos tras realizar actuaciones artísticas urbanas junto a otros colegas internacionales tras haber sido seleccionado mediante casting realizado por Hernán Lombardi.
Aspiraciones Futuras
A pesar del éxito alcanzado hasta ahora —incluyendo presentaciones internacionales— Rodrigo sigue buscando mejorar su situación económica pensando siempre primero en su familia: “A veces dudo o flaqueo emocionalmente porque tengo responsabilidades económicas… llegar fin de mes puede ser complicado”, confiesa reflexivamente.
Aunque tuvo oportunidades tentadoras fuera del país o incluso propuestas laborales reconocidas dentro circenses locales —que finalmente desechó— mantiene firmeza respecto al valor significativo que tiene actuar frente al público cotidiano aunque sea considerado menospreciado socialmente debido al entorno callejero donde trabaja diariamente.
“Lo importante es seguir adelante; quiero mostrar mi magia algún día durante los entretiempos cuando juegue nuestra Selección Nacional”, concluye Rodrigo Cunqueiro lleno esperanza hacia futuros proyectos artísticos.
