el Hurto por Azar: Reflexiones sobre la Apropiación Inesperada
La Naturaleza del Robo Casual
Sin pretender justificar mis acciones ni erguirme en un pedestal moral, me gustaría invitar a la reflexión sobre un tipo específico de robo: el hurto por azar. Los románticos podrían argumentar que el corazón es un ejemplo perfecto de esto, ya que a menudo se lo describe como algo que se puede «robar» sin mayor consideración. Alguien puede llevarse ese corazón y, en ocasiones, dejarlo atrás sin remordimientos.Pero, ¿cómo se recupera ese corazón perdido? Mi interés radica en el elemento fortuito del robo y la sincronicidad que lo acompaña; esa sensación de descubrimiento que provoca una conexión especial entre el ladrón y su objeto.
En Córdoba decimos que ciertas cosas están «donadas». Este término implica que algo permanece disponible para quien desee tomarlo, como si estuviera ofrecido al universo sin restricciones. Un caso particular involucra a una gata llamada Sara Gallardo, quien ahora comparte mi hogar. Quiero aclarar desde el principio que ningún animal fue forzado a vivir conmigo; más bien diría que ella decidió robarse sola. Si alguien me acusa de ser una ladrona de gatos, no tengo intención de defenderme: sí seduje a Sara para venir a vivir aquí y aprendí algunas técnicas del arte del hurto observando a otros.
La Generosidad como Estrategia
Todo comenzó cuando Eulogio, mi vecino y propietario de la casa donde vivo actualmente, decidió alimentar a todos los gatos del vecindario.Desde entonces he sospechado sobre cómo llegó Kitty (su gata) hasta él; sus relatos son confusos e inconsistentes. En ocasiones dice que Kitty apareció sola; otras veces menciona su generosidad hacia los animales como clave para atraerlos hacia él. De estas dos versiones opto por creer en la segunda.
Eulogio ha establecido una relación con estos felinos al proporcionarles agua y comida en su patio trasero. Muchos gatos pasan más tiempo allí con él que en sus propios hogares oficiales; algunos incluso han decidido quedarse permanentemente con él. Esto demuestra claramente que los gatos no son inherentemente más difíciles o independientes comparados con los perros —una creencia errónea— sino simplemente han cultivado una reputación basada en su naturaleza tranquila.
Retrocedamos unos meses hasta mi mudanza al encantador barrio banda Norte en Río Cuarto. Durante aquel proceso vi aparecer ante mí una pequeña gata muy curiosa —la actual Sara Gallardo— cuya apariencia me cautivó instantáneamente gracias a sus grandes ojos expresivos y su actitud juguetona. Ella solía asomarse desde la ventana de un vecino desconocido mientras yo lidiaba con las cajas durante mi mudanza.
La vida aquí ha cambiado radicalmente mis rutinas diarias: pasé de estar atrapada entre cuatro paredes durante los calurosos veranos urbanos a disfrutar del aire libre rodeada por flores e incluso un pequeño estanque inflable —un lujo modesto para cualquier docente asalariada— así como visitas inesperadas de diversas criaturas locales.
Un Encuentro Fortuito
Después de varios meses disfrutando esta nueva vida rodeada por animales diversos,Eulogio reanudó su antigua práctica alimentaria hacia nuestros amigos peludos vecinos —una técnica efectiva si alguna vez hubo una— lo cual trajo consigo nuevas visitas felinas al patio trasero donde solíamos compartir momentos agradables juntos.
Entre esos nuevos visitantes estaba otra vez Sara Gallardo: hermosa e intrigante como siempre pero ahora mucho más familiarizada conmigo debido al alimento constante proporcionado cada noche después del trabajo diario.
Decidí comprar comida específica para ella dejando platos llenos cada mañana solo para encontrarme con ellos vacíos poco después; pronto comenzaron las maullidos matutinos anunciando su llegada inminente.
A medida pasaron las semanas nuestra relación evolucionó rápidamente aunque siempre había cierta distancia emocional entre nosotros —ella parecía disfrutar visitarme pero nunca permanecía demasiado tiempo antes de marcharse nuevamente— dejándome sintiendo algo parecido al desamor cada vez.
Finalmente decidí castrarla debido al creciente número pretendientes masculinos merodeando alrededor buscando llamar su atención amorosa aunque sabía bien lo controvertido éticamente hablando podría ser este acto respecto autonomía personal animal.
Antes proceder decidí intentar contactar supuesta dueña original preguntándole acerca estado general salud gato pero nunca logré establecer comunicación directa pues casa permanecía cerrada gran parte tiempo mientras ventanas abiertas ocasionalmente revelaban presencia vehículo estacionado afuera indicando actividad humana cercana…
Al final llegué conclusión importante: no debería pedir permiso hacer aquello deseo profundamente realizar porque realmente nadie posee nada dentro mundo natural donde todo pertenece ciclo vital mayor…
Sara eventualmente comenzó mostrar cambios significativos comportamentales volviéndose cariñosa buscando compañía constantemente demandando atención afectiva casi desesperadamente mientras intentaba escribir textos sentándose cómodamente encima mías piernas…
Conclusión sobre el Hurto Casual
El concepto detrás del hurto casual plantea preguntas interesantes acerca propiedad versus pertenencia real dentro contexto social contemporáneo donde muchos seres vivos parecen estar “donados” esperando ser adoptados o llevados lejos… ¿Es realmente posible hablar robo si aquello tomado ya estaba abandonado? Tal vez sea mejor mantener misterio intacto permitiendo espacio incertidumbre amorosa inevitablemente presente cuando compartimos nuestras vidas junto seres tan especiales…
Camila Vazquez
