“Lo único que queremos es morirnos acá, que nos dejen vivir tranquilos”. Hace nueve meses, Sandra Morales (65) y Rodolfo Hakl (67) contaron por primera vez su historia a Clarín. En 2016, la pareja de jubilados abandonó José C. Paz y se mudó a una cabaña en el medio de la nada, al norte del lago La Plata, en Alto Río Senguer, en el oeste de Chubut. Hoy, ese sueño está en peligro.
El matrimonio resistió robos, difamaciones, malos tratos, noches en la cárcel y accidentes domésticos, convencidos de que habían encontrado el lugar donde querían pasar el resto de sus vidas. Sin embargo, un fallo judicial ordenó hace poco que restituyan y desalojen el terreno.
Si bien Sandra y Rodolfo se enfrentan a la posibilidad de perderlo todo, aseguran que seguirán luchando. “Apelamos la sentencia y ahora vamos a poder presentar la prueba que no pudimos en la primera instancia”, explica Sandra a Clarín.
La pareja lleva 42 años de casados. Durante mucho tiempo, pasaron sus vacaciones en la Patagonia. Hasta que en 2016 dijeron basta y se fueron a vivir a una tierra sobre el Lago La Plata, en Chubut, uno de los lugares más inhóspitos del país.
“No nos metimos en el terreno de nadie, cuando llegamos pedimos permiso”, describen. Fueron al municipio y les ofrecieron trabajar sin cobrar; cuidando el camping, manteniendo limpia la zona de bahías, a cambio de vivir en esas tierras cercanas a Chile, a 120 kilómetros del pueblo más cercano. Les respondieron que tenían que decidirlo con los concejales.
“La resolución fueron dos juicios, uno penal y otro civil. En el penal salimos absueltos y el civil acaba de salir la sentencia en nuestra contra. Lo que pasa es que los grandes empresarios están comprando la Patagonia”, cuenta la docente jubilada.
El proceso judicial tuvo dos caminos. En la causa penal fueron absueltos, pero en el civil la Justicia ordenó la restitución del terreno. Según relatan, desde el comienzo tuvieron dificultades para encontrar un abogado y, cuando finalmente contrataron a uno, fueron mal asesorados.
“Fuimos a ver una abogada de un buffet importante, en Sarmiento (Chubut), que nos dijo que con una simple nota que habíamos presentado al juez era suficiente. Resulta que no fue verdad y para la ley si no respondiste en tiempo y forma sos culpable”, revelan.
La sentencia del juez Gustavo Antoun a la que accedió Clarín reconoce que la pareja de jubilados tuvo problemas para ejercer su defensa por la distancia e imposibilidad de traslado, más en época invernal. Sin embargo, también entendió este silencio “como un reconocimiento de los hechos expuestos en la demanda” presentada por la Municipalidad de Alto Río Senguer.
La discusión por la tierra
Sandra y Rodolfo sostienen que ni siquiera está determinado con precisión cuál es el terreno que reclama el municipio. La demanda identifica el lugar como el Lote 14 de la Fracción A, Sección G III, en el paraje Bahía Laguito Escondido, sobre la costa del Lago La Plata.
“No se encuentran registros que puedan precisar con exactitud los límites del ejido (terreno comunal ubicado en las afueras de un pueblo), las tierras fiscales que estableció la ley XVI N° 86 no se encuentran determinadas en un mapa”, dice su defensa.
Además, surgió un dato muy llamativo en el expediente. La Dirección General del Registro de la Propiedad Inmueble informó que el inmueble identificado catastralmente como Lote 14 – Fracción A – Sección G III figura inscripto a nombre de Don José Moisés SRL, una empresa dedicada a la cría de ganado bovino y a la producción de lana.
Según informes comerciales a los que accedió Clarín, uno de sus socios es Cristóbal Manuel López, el empresario dueño del Grupo Indalo acusado en la causa Cuadernos. Tanto López como su socio Fabián de Sousa están involucrados en el circuito de sobornos y figuran en los pagos ilegales atribuidos a Cristina Fernández de Kirchner, como inquilinos de la inmobiliaria Los Sauces, la empresa familiar de los Kirchner que usaban para maniobras de lavado de dinero.
En el caso que se tratara de una tierra privada, la Municipalidad de Alto Río Senguer no tendría legitimidad para reclamar su restitución y desalojo.
Sin embargo, el tribunal entendió que la empresa privada ocupa únicamente el sector sur del de ese lote y no comprende la totalidad del área donde vive la pareja.
“Si el único inmueble de propiedad privada es el referido (Don José Moisés SRL), todo el territorio que lo excede será fiscal”, sostiene la sentencia. Y para que no haya dudas agrega que “la identificación y ubicación del lugar es total y perfecta”.
“No somos la única construcción”
Rodolfo es albañil y construyó la cabaña con sus propias manos. Mide 7 x 7 metros, sin divisiones y tiene un entrepiso con las habitaciones. En el medio hay un fogón al estilo alemán, con paredes de hierro y un portón. Además, colocó la cañería varios metros bajo tierra para que el agua no se congele, puso un tanque biodigestor y un generador a combustible que prenden un rato a la mañana y otro a la tarde.
La vida allá es simple y dura: prender la estufa rusa, la cocina a leña, esperar que el agua caliente, cortar leña, cuidar el invernadero. A Rodolfo le apasiona cocinar y preparar tortas de manzana, pastafrola, pastelitos, tortas fritas, mientras que Sandra terminó hace poco de escribir un libro sobre su aventura en la Patagonia. Suelen jugar a los dardos y charlar durante horas. Para muchos, la pareja está «haciendo patria».
“Hemos aportado mucho desde que vivimos en Lago La Plata: mejoramos el acceso que era una huella intransitable, apagamos fogones que los turistas dejan encendidos, juntamos la basura que los turistas dejan, despejamos el camino de árboles caídos, construimos un muelle con nuestras propias manos. Lo único que queremos es que nos dejen vivir en paz acá”, dicen.
Por eso la posibilidad del desalojo los mantiene angustiados y en alerta. No pueden pensar ni un segundo en abandonar la vida que armaron en aquel rincón natural y alejado. Por el momento, se aferran al último recurso; apelar y quién dice quizás dar vuelta las cosas en una segunda instancia.
“Nos desespera imaginarnos que después de diez años de vivir acostumbrados a estar en medio de la naturaleza y que con muchísimo esfuerzo construimos todo, tengamos que desarmar y llevar todas las cosas. Las piezas ya no van a servir más”, cuentan.
Además, la pareja sostiene que existen otras edificaciones en la zona y que ellos no son los únicos ocupantes. Según afirman, algunos sectores son privados y ni siquiera los turistas pueden ingresar.
“Hay un terrateniente que hizo el camping a cambio de unas tierras donde nace el lago. Después, un chef muy famoso tiene una isla y parientes de funcionarios construyeron cabañas para alquilar”, aseguran.
También mencionan otras construcciones de vecinos de Alto Río Senguer. “Uno fue un concejal que se auto entregó las tierras, está haciendo turismo con las cabañas y tiene un aserradero. Después otra señora, que tiene a todos los hijos en algún puesto público, tiene una cabaña que también alquila”, agregan.
Sin embargo, la sentencia afirma que “el municipio ha ejercido la efectiva posesión de todos los inmuebles desde su existencia como una unidad política regulando el uso de tierra, otorgando concesiones, construyendo camping y cabañas de control de guardaparques”.
Mientras esperan que la Cámara revise el fallo, Sandra y Rodolfo siguen viviendo en la cabaña que construyeron hace más de diez años. Hoy sienten una sensación de injusticia. Les están arrebatando aquel lugar donde eligieron terminar sus vidas. “Lo único que queremos es que nos dejen vivir en paz”, repiten.
MG
