La inestabilidad política británica, con su costumbre de cambiar de primer ministro incluso sin pasar por las urnas, simplemente por decisiones internas de los partidos gobernantes, parece estar contagiándose a Europa. La CDU alemana, la formación conservadora que fue de Konrad Adenauer o Angela Merkel, está metida en un debate interno sobre la necesidad de sacar del Gobierno a Friedrich Merz, su líder y primer ministro desde hace poco más de año y medio.
Hace unas semanas eran simples críticas aisladas de algunos miembros del partido, que temen que la ultraderechista AfD, que ya por el 28% en los sondeos cuando la CDU apenas supera el 20%, se consolide en cabeza y acceda al poder tras las próximas elecciones. AfD necesita irse prácticamente al 50% porque nadie pacta con ella, por lo que esos temores parecen estar lejos de materializarse.
Aun así, en las últimas semanas el debate ha ido tomando consistencia y ya se reconoce en público. Hay un incluso un nombre alternativo para ocupar el puesto Merz, el del presidente de la región de Renania del Norte – Westfalia, Hendrik Wüst, de 50 años. Su candidatura no es oficial, pero los medios alemanes lo señalan como la única opción viable sin pasar por unas elecciones primarias que dañarían a los dos candidatos. En segundo lugar aparece el secretario general de la formación, Carsten Linnemann.
La CDU se pregunta si puede permitirse ir a elecciones regionales de Sajonia en septiembre con un escenario político interno muy complejo, en buena parte por responsabilidad propia. Merz es en parte responsable de su propia inestabilidad al lanzar una remodelación de Gobierno muy criticada. Y además ha sufrido algún traspiés, como la dimisión del jefe del grupo parlamentario, Jens Spahn, un estrecho aliado.
Y, sobre todo, Merz llegó prometiendo que sacaría al país del estancamiento económico (Alemania lleva tres años con su economía prácticamente detenida) y no ha conseguido resultados mejores que los que llevaba el anterior gobierno. Además, sus soluciones han sido todas por la vía de mejorar la competitividad de la industria alemana rebajando condiciones de trabajo y apretando las tuercas a los trabajadores y no a los empresarios. Todas las partidas de gasto bajan, excepto Defensa, que en dos años prácticamente se ha doblado.
La CDU se prepara para las regionales de Sajonia con la espada sobre la cabeza de Merz. Las conversaciones internas en el partido van por la línea de hacer a Merz responsable de un eventual resultado especialmente malo y hacerle pagar sacándolo del cargo de jefe de Gobierno.
La CDU de Merz fue la primera fuerza política en resultados nacionales y regionales, y en sondeos, hasta su victoria. A partir de ahí AfD le pasó por encima en todos los sondeos. Además, Merz carga con un fuerte malestar en su partido por una reforma del sistema público de pensiones que algunos creen que es demasiado dura.
El medio especializado IP Quarterly contaba este jueves que el partido está “al borde de romper con Merz” y que algunos dirigentes regionales habían llegado a decir al jefe de Gobierno que recuerde que “dirige un partido, no una empresa”. A Merz, exitoso y millonario empresario durante años, se le considera demasiado estricto y demasiado poco proclive a escuchar y aceptar argumentos de otros.
Una parte del descontento con Merz se debe a la diferencia de opiniones en el partido sobre cómo relacionarse con AfD. Dirigentes regionales de Alemania oriental, donde los ultraderechistas son más fuertes, creen que el partido, aún manteniendo su separación de los ultras, debe ser más duro en asuntos como inmigración. Copiar a los ultras, una solución que nunca dio resultados positivos en Europa si lo que se buscaba era que el centro derecha no se viera superado por ellos.
A la vez, esos dirigentes de la CDU de Alemania oriental creen que la reforma de las pensiones va demasiado lejos y afecta sobre todo a los futuros jubilados con menos ingresos, que son más en sus regiones que en las de la antigua Alemania occidental.
La caída de Merz no será, salvo sorpresa, antes de las elecciones en Sajonia en septiembre. E incluso si el resultado electoral en esa región fuera desastroso para la CDU, Merz tiene todavía apoyos para salvar su cabeza política. Pero el simple hecho de que se ponga en duda el cargo de un gobernante en ejercicio es toda una novedad en la política alemana, donde los líderes conservadores, como Merkel o Adenauer, duraban hasta dos décadas en el poder. Dirigentes cercanos a Merz alegan que los problemas del partido no se deben a su líder, sino al debate continuo sobre su futuro, que genera inestabilidad.
PB
