Despedida en Paz: La Historia de Pablo Cánepa y la Eutanasia en Uruguay
Un Adiós Lleno de Amor y Dignidad
«Rodeado del cariño de su familia y amigos, Pablo partió este lunes», así comenzó el emotivo mensaje que su hermano, Eduardo Cánepa, compartió en las redes sociales. A los 39 años, Pablo había estado lidiando durante cuatro años con una enfermedad irreversible de origen desconocido: ataxia cerebelosa idiopática. Su sufrimiento se intensificó desde 2022, momento en el cual él y su familia comenzaron a abogar por la aprobación de la Ley de Eutanasia en Uruguay. Gracias a esta legislación, pudo despedirse con tranquilidad.
«Me siento sereno y seguro respecto a mi decisión», expresó Pablo a Clarín durante una conversación el año pasado desde su hogar en Montevideo. Nacido casi por casualidad el 5 de agosto de 1986 en el barrio palermo, era uno entre cuatro hermanos; sin embargo, él era el único argentino dentro de una familia uruguaya.
Una Larga Batalla Contra la Enfermedad
Este lunes marcó el cierre definitivo para Pablo Cánepa tras una prolongada lucha llena no solo de dolor sino también dignidad. «Se despidió con ese humor característico hasta sus últimos momentos.Lo extrañaremos profundamente», continuó Eduardo en su mensaje conmovedor.Para honrarlo, creó un video homenaje que recopilaba imágenes desde su infancia hasta sus logros como diseñador gráfico.
Uruguay se convirtió oficialmente en un país pionero al legalizar la eutanasia mediante la votación del proyecto Ley Muerte Digna el 15 de octubre del año 2025; siendo así el tercer país latinoamericano que lo hace después de Colombia y Ecuador.el presidente Yamandú Orsi firmó posteriormente un decreto reglamentario que permitió implementar esta ley plenamente desde abril del mismo año. En mayo siguiente, una mujer diagnosticada con cáncer pancreático fue la primera persona que accedió a este derecho.
Pablo tenía un talento excepcional para dibujar; estudió diseño gráfico en la Universidad de Montevideo aunque no logró completar sus estudios formales debido a su enfermedad. Su habilidad le valió múltiples premios e incluso oportunidades para asistir a congresos internacionales.
El Inicio del Calvario
En 2022 comenzó lo que sería un verdadero calvario para él y su familia; antes llevaba una vida normal sin indicios preocupantes sobre su salud. “Al principio experimenté mareos que consideré normales”, relató anteriormente sobre cómo todo empezó cuando visitó al médico tras sentir síntomas alarmantes como mareos severos; le dijeron inicialmente que podría tratarse de un ACV (accidente cerebrovascular). En cuestión breve quedó completamente paralizado.Durante nuestra entrevista previa al desenlace final, Pablo estaba físicamente inmovilizado pero mantenía intacta una mente clara e incisiva; incluso lograba reírse y hacer bromas pese a las circunstancias adversas.
A pesar del esfuerzo médico realizado —incluyendo numerosos estudios— nunca se llegó a determinar claramente qué causaba su condición debilitante ni se encontró tratamiento efectivo alguno después incluso haber estado internado durante un mes en Fleni Escobar donde descartaron causas genéticas o virales como origen posible.
“Lo más probable es que sea autoinmune”, comentó Eduardo sobre los diagnósticos inciertos recibidos por parte del personal médico especializado: “Las neuronas motoras mueren sin posibilidad alguna para regenerarse”. A diferencia otros casos conocidos como Esteban Bullrich —quien ha logrado adaptarse— Pablo no deseaba esa vida limitada ni enfrentarse diariamente al sufrimiento físico extremo asociado con ello.
Intentaron diversas alternativas terapéuticas incluyendo tratamientos alternativos e incluso biomagnetismo pero nada resultó efectivo; finalmente enviaron muestras sanguíneas hacia Mayo Clinic buscando respuestas adicionales aunque los resultados fueron negativos nuevamente confirmando lo temido: no había cura disponible para él.
“Ya he perdido toda esperanza”, confesó sinceramente Pablo hace aproximadamente un año atrás mientras reflexionaba sobre cómo sentía cada día atrapado dentro “de esta jaula” incapaz siquiera moverse o realizar actividades simples como dibujar o viajar —dos pasiones fundamentales antes del inicio abrupto hacia esta nueva realidad desgarradora— .
Su deseo por terminar con ese sufrimiento fue apoyado incondicionalmente por toda su familia quienes lucharon junto a él buscando justicia mediante leyes adecuadas relacionadas al derecho humano fundamental sobre decidir cuándo partir dignamente ante situaciones irreversibles similares . Especialmente Mónica ,su madre quien estuvo presente cuidándolo cada día mientras presenciaba impotente todo lo vivido .Pablo siempre vivió según sus propias reglas guiándose fielmente hacia ellas hasta llegar este punto final donde decidió marchar tal cual había vivido : «¿Te queda algo pendiente?», le preguntaron durante aquella charla memorable. Y fieles principios contestaría : «Confieso haber vivido».
