Reflexiones sobre el Envejecimiento: Un Viaje Personal
el diagnóstico llegó de manera abrupta, sin previo aviso. No fue en un consultorio médico ni tras un análisis de laboratorio; ocurrió en una farmacia, durante la entrega de un medicamento. No se trataba de una inyección con Penicilina G, sino que me lo dieron por vía oral, como esas cucharadas de jarabe amargo que me forzaban a tomar en mi infancia para combatir parásitos. Cuatro palabras fueron suficientes para recordarme que ya no era joven.
Mientras la farmacéutica finalizaba su tarea, levantó la vista y, con una naturalidad sorprendente, me preguntó: “¿Tiene PAMI?”. Lo dijo sin titubear, como si comentara sobre el clima.Con una sonrisa fingida le respondí que tenía 62 años. Ella no replicó y continuó cortando el cartón del medicamento para mi presión arterial. Recuerdo claramente el sonido seco al desprenderse y el aroma a alcohol medicinal flotando entre estantes repletos de productos cosméticos y cremas hidratantes. Afuera se extendía un otoño dorado en Merlo mientras los clientes formaban fila pacientemente.
La Realidad del Envejecimiento
Existen otras filas que he observado durante años frente a los bancos; personas esperando innecesariamente temprano para realizar trámites pero necesarias para interactuar entre sí. Conversan en voz baja sobre temas delicados como la próstata y repiten “¿cómo?” porque las palabras parecen no llegarles claras. Desde esa mañana en la farmacia comprendí que aún faltan muchos años antes de alcanzar la jubilación; mi trayectoria laboral está lejos de concluir y empiezo a parecerme a ellos: aquellos que reciben cuidados especiales y descuentos exclusivos hasta en alimentos.Para quienes vivimos del lenguaje —ya sea por periodismo o literatura— cuatro palabras tienen un peso diferente; no están disponibles al por mayor ni son parte de ninguna oferta especial. Comencé a revisar mi propia «enciclopedia» sobre lo que algunos llaman «sector pasivo», refiriéndose despectivamente a los jubilados.Hay varias entradas relevantes: “Ya estamos grandes”, usado como justificación ante cualquier inacción; “Hay que saber retirarse”, expresado con elegancia pero sin convicción alguna; o “Para tu edad”, tanto elogio como condena al mismo tiempo.
La frase más recurrente entre las justificaciones cotidianas es simple: “El médico dice que es la edad”.
Encuentros Reveladores
“Tu rodilla derecha siempre está flexionada”, observó el kinesiólogo durante una revisión rutinaria mientras yo pensaba cuántos años le llevaba —alrededor de treinta— aunque él parecía tener más experiencia vital acumulada debido a su trabajo diario con pacientes mayores. Me contó cómo se reúne mensualmente con amigos desde su infancia e hizo referencia al momento crucial cuando uno dijo sentirse viejo porque comenzó a notar pelos en sus orejas.Mientras escucho mis huesos crujir bajo esfuerzo físico, él concluyó nuestra sesión lanzándome un comentario optimista: “Estás genial ¿Cuál es tu secreto?”.
Un día anoté algo importante: «Las personas no envejecen según su documento». Dirijo un medio digital desde hace quince años donde prohíbo términos despectivos como «anciano» o «sexagenario». El término «adultos mayores» puede ser menos ofensivo pero sigue siendo problemático para mí ¿En qué categoría encajo? La única respuesta válida parece ser seguir trabajando incansablemente más allá incluso del umbral habitual asociado con los 30 o 40 años.
Recientemente compartí café con alguien significativamente más joven; disfrutamos juntos mientras ella conversaba animadamente conmigo hasta que la camarera le preguntó si necesitábamos algo más… dirigiéndose hacia mí como si fuera su padre. La incomodidad fue palpable cuando ella respondió firmemente: “Es mi compañero”. Mientras jugueteaba nerviosamente con una azucarera antigua decidí pedir algo infantil —un submarino— sintiendo cómo esa confusión afectaba menos mis sentimientos comparado con lo naturalizado del momento.
Adaptándose al Cambio
Conforme pasa el tiempo también noto cambios digitales evidentes respecto a mis intereses online; antes recibía anuncios relacionados con viajes o libros ahora son promociones dirigidas específicamente hacia jubilados e incluso suplementos articulares… El mundo virtual parece captar rápidamente nuestra edad real.
A veces reflexiono sobre cómo envejece nuestro cuerpo emitiendo señales propias —crujidos aquí y allá— mientras seguimos haciendo planes emocionantes por delante… A pesar del desgaste físico interno hay deseos persistentes por vivir plenamente cada día aunque sea consciente del paso inexorable del tiempo.Gabriel García Márquez mencionó alguna vez cómo reconocemos nuestro envejecimiento cuando comenzamos parecemos nuestros padres… Yo lo descubrí tirado exhausto tras hacer ejercicio físico intenso pensando también acerca de nuestra mortalidad ahora tan presente incluso durante actividades cotidianas simples como preparar café o tender camas… preguntas surgen naturalmente respecto al lugar donde sería digno morir…
Lo verdaderamente aterrador no es tanto morir sino perder gradualmente nuestra capacidad cognitiva hasta dejar atrás recuerdos valiosos e identidades personales significativas… He visto esto suceder dentro de mi familia materna donde algunos perdieron lentamente sus memorias tal cual luces titilantes antes extinguirse completamente…
Desde aquel periodo pandémico convivo diariamente junto al pitido constante dentro mis oídos… Los médicos han coincidido todos coinciden hay poco remedio disponible así simplemente debo acostumbrarme…
A veces pienso entonces qué significa realmente ir envejeciendo… Es ese tira-y-afloja constante entre cuerpo cansado versus espíritu vibrante deseoso seguir adelante pese todo obstáculo presente…
Recientemente volví nuevamente aquella farmacia después haber iniciado trámite jubilatorio justo cumplidos 65 años… Esta vez encontré otra empleada conocida quien amablemente atendió solicitud medicamentosa aclarando uso PAMI mostrando credencial digitalmente obtenida previamente… Su respuesta fue inesperada pues comentó pensaría aún faltaría mucho camino recorrer antes llegar allí ¡Me sentí bien!
