La Inusual Climatización del Subte en Buenos Aires: un Problema Persistente
Una Ola Polar y el Refugio del Subte
La reciente ola polar ha llevado a muchos habitantes de Buenos Aires a buscar refugio en espacios cerrados. Sin embargo, la experiencia dentro de algunos vagones del subte ha resultado ser desconcertante. A pesar de que las estaciones ofrecen un alivio frente al frío exterior, al ingresar a ciertos trenes, los pasajeros se ven sorprendidos por una sensación térmica similar a la que experimentarían al salir nuevamente a la intemperie.Este fenómeno se ha observado particularmente en los coches de la línea B, que cuentan con puertas de apertura manual y han estado operando desde 2014 tras su importación desde España. En total, se adquirieron 86 unidades con una antigüedad considerable. En su momento, un artículo publicado por Clarín destacaba que estos «nuevos» subtes estaban equipados con aire acondicionado.
Quejas sobre el Aire Acondicionado
A lo largo de los últimos meses,Clarín ha documentado esta anomalía térmica bajo tierra. Según declaraciones proporcionadas por Emova,la empresa encargada del servicio subterráneo,nunca antes habían recibido quejas relacionadas con el frío; todos los reclamos previos habían sido sobre el calor excesivo. No obstante, se comprometieron a investigar más sobre este asunto.
A pesar de las afirmaciones oficiales, las redes sociales han sido testigos de numerosas críticas: «El aire acondicionado está encendido cuando afuera hay solo 5 grados», escribió una usuaria recientemente. Otro pasajero comentó: «¿De dónde viene este frío? ¡14 grados hace afuera!», reflejando así el descontento generalizado entre quienes utilizan este medio de transporte.
El Caso Particular de los CAF 6000
Los vagones CAF 6000 presentan características distintas respecto a otros modelos en la línea B (como los Mitsubishi). Sus ventanas están selladas herméticamente lo cual obliga al sistema de climatización a funcionar constantemente para mantener una temperatura interna adecuada. Desde emova explicaron que estas formaciones tienen temperaturas reguladas automáticamente; estableciendo un rango fijo desde octubre hasta junio.
Sin embargo, cuando se les preguntó acerca del contraste entre las temperaturas internas y externas —en ese momento alrededor de 12 grados— ofrecieron una justificación peculiar: “El compresor no puede bajar menos de 20 grados”. Esta afirmación fue rápidamente cuestionada por imágenes compartidas en redes sociales donde pasajeros abrigados hasta el cuello evidenciaban condiciones poco confortables dentro del tren.
Un Patrón Térmico Inconsistente
Aunque esta problemática es más evidente durante el invierno debido al descenso natural en las temperaturas exteriores, también ocurre durante meses calurosos donde muchos usuarios deben abrigarse para soportar un aire acondicionado excesivamente frío dentro del subte. Por otro lado, existen ocasiones donde falta completamente refrigeración y resulta difícil respirar debido al calor acumulado.Esta inconsistencia no es exclusiva solo para la línea B; otros usuarios han reportado experiencias similares en diferentes líneas como la E: “Subí al E y tenía el aire encendido mientras estamos casi en junio”, comentaba uno mientras otro respondía sobre demoras sin refrigeración alguna.
La Dificultad para Encontrar Equilibrio Térmico
Parece ser que existe dificultad para lograr un balance adecuado entre calefacción y refrigeración dentro del sistema ferroviario porteño. Esto genera incertidumbre respecto a qué esperar durante cada viaje dependiendo tanto del horario como también del número total de pasajeros abordo; ya que esto influye notablemente en cómo percibimos las condiciones climáticas internas.
Volviendo al presente inmediato ¿por qué si Emova asegura tener configurado su termostato correctamente aún sentimos temperaturas tan inferiores? Nadie pudo ofrecer respuestas definitivas ante esta inquietud generalizada aunque algunos especularon sobre posibles filtraciones frías provenientes directamente desde los túneles —una teoría poco convincente considerando otras formaciones sin climatización— lo cual parece más propio para tramas ficticias como Moebius.
En uno de los nodos principales como Carlos Pellegrini —donde convergen varias líneas— un guardia mostró sorpresa ante tales inquietudes pero rápidamente apuntó hacia problemas operativos internos: “En verano hay que pedirles amablemente encenderlo pero… ¡en invierno es increíble!”, refiriéndose específicamente a situaciones similares observadas anteriormente.
Por fortuna esa jornada particular resultó favorable ya que aquellos provenientes del exterior encontraron alivio térmico comparativo gracias al funcionamiento adecuado dentro otras líneas como C —un respiro bienvenido considerando además el aumento estacional registrado recientemente según datos epidemiológicos nacionales relacionados con enfermedades respiratorias comunes durante estos meses fríos— incluso motivando vendedores ambulantes ofreciendo pañuelos desechables aprovechando tal coyuntura comercialmente favorable.
Aunque persista cierta confusión respecto cómo abordar adecuadamente estas cuestiones climáticas bajo tierra porteña parece probable recibir atención adicional tras interés mediático generado últimamente; pues incluso hoy mismo notamos cambios positivos evidentes indicando quizás algún tipo ajuste necesario finalmente realizado después tantas críticas acumulativas recibidas previamente.
