La Tragedia de la DANA: Un Relato de supervivencia en Valencia
Una llegada inesperada
«Todo pasa», se lee en el antebrazo de Andrés Erro, un productor teatral argentino nacido en 1988. Alguien a su lado comenta que ese tatuaje es un recuerdo de su sobrina, una frase que adquirió un significado profundo tras vivir una experiencia desgarradora. Andrés llegó a Valencia el 29 de octubre de 2024, justo cuando una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) desató lluvias torrenciales y desbordamientos catastróficos, resultando en la muerte de al menos 238 personas y causando devastación material en la Comunidad valenciana.
«Estaba viajando por Europa y llegué a las siete de la mañana», relata. «Una amiga me había invitado: ‘¿Por qué no te vienes a Valencia?’. Nunca imaginé lo que estaba por suceder».
El caos comienza
Andrés describe cómo el clima se tornó extraño desde su llegada; los pájaros volaban frenéticamente hacia sus nidos mientras un viento violento retorcía las nubes. Su amiga Natalia trabaja en una clínica psiquiátrica local y planeaban reunirse para ir juntos a Alcácer, donde vive con su esposo Renzo.Sin embargo, al buscarla, Natalia le advierte sobre lo inusual del clima.Decidieron salir hacia casa cuando repentinamente sus teléfonos comenzaron a sonar con alarmas inquietantes emitidas por la Guardia Civil: «busquen altura», decían los mensajes. En cuestión de minutos, el tráfico se detuvo y recibieron noticias alarmantes sobre inundaciones inminentes.
«Empezamos a ver agua», recuerda Andrés con horror. «Lo que venía era como si una ciudad entera estuviera rodando hacia nosotros». En solo tres minutos, estaban rodeados por agua hasta la cintura.
Instinto animal
Con rapidez instintiva, tomaron bolsas herméticas para proteger sus teléfonos y cortaron los cinturones del auto para formar un círculo flotante; natalia no sabía nadar y Renzo tenía limitaciones físicas. Mientras el agua avanzaba lentamente pero implacablemente alrededor suyo, Andrés rompió una ventana del vehículo para escapar.
“Es instinto animal”, dice ahora riendo nerviosamente al recordar esos momentos críticos donde todo parecía perdido. “No piensas ni bien ni mal; simplemente actúas”.
Al salir del auto ya sumergido hasta el pecho en aguas oscuras e inquietantes decidieron buscar refugio sobre una retroexcavadora cercana mientras las corrientes arrastraban vehículos enteros detrás suyo.
La lucha por sobrevivir
La situación se tornó más desesperante cuando vieron cuerpos flotando cerca; sin embargo, encontraron esperanza al divisar unas rejas pertenecientes a un complejo deportivo cercano donde pudieron refugiarse junto con otros sobrevivientes.
“Desde allí ayudábamos como podíamos”, explica Andrés sobre cómo intentaron rescatar personas atrapadas entre las aguas turbulentas mientras escuchaban gritos desesperados pidiendo ayuda desde todos lados.
A medida que caía la noche y aumentaba la confusión entre sirenas y helicópteros voladores buscando víctimas perdidas o atrapadas bajo escombros e inundaciones repentinas, él sintió cómo su vida pendía de un hilo cuando vio pasar trenes volteándose lejos entre las olas furiosas.
Rescate inesperado
Finalmente lograron llegar al último piso del complejo deportivo tras atravesar peligrosamente aguas infestadas con objetos afilados e incluso cuerpos sin vida. Allí encontraron herramientas improvisadas para ayudar a otros atrapados antes que ellos mismos fueran rescatados finalmente después de horas angustiosas esperando ayuda externa.
Cuando amaneció nuevamente tras esa larga noche llena incertidumbre e incomodidad física extrema —sin hambre ni sueño— llegaron lanchas militares dispuestas para evacuarles junto con otros sobrevivientes acumulándose cada vez más alrededor suyo hasta alcanzar casi doscientas personas hacinadas dentro del recinto deportivo convertido temporalmente en refugio improvisado ante tal catástrofe natural sin precedentes recientes conocidos por ellos mismos o cualquier otro ser humano presente aquel día fatídico .
reflexiones post-catástrofe
Tras ser evacuado finalmente hacia Madrid luego haber perdido todo lo material durante esta tragedia indescriptible —incluyendo documentos personales— Andrés reflexiona acerca del impacto emocional duradero dejado tras esta experiencia traumática vivida tan intensamente:
“Volví consciente acerca cosas fuera mi control”, comparte ahora visiblemente afectado pero también agradecido porque logró salvar vidas ajenas aunque no todas fueron posibles rescatarse durante esas horas críticas enfrentándose directamente contra fuerzas naturales abrumadoras . “Aprendí qué es realmente importante”.
Hoy lleva consigo cicatrices visibles tanto físicas como emocionales recordándole constantemente aquella jornada trágica marcada profundamente dentro él mismo —una historia personal transformada eternamente— recordándole siempre valorar cada instante vivido plenamente sabiendo cuán frágil puede llegar ser nuestra existencia humana frente adversidades impredecibles como aquellas vividas aquel día inolvidable .
