El enigma de la Figurita Falsificada
Resumen del Episodio Anterior
En su búsqueda por desentrañar el origen de una figurita difícil, Lin Pía, una niña china, revela a sus amigos Tomás el Telépata y Ragú Taburete que forma parte del comité encargado de tomar decisiones sobre este asunto.
La revelación sobre la participación de Lin Pía en el Alto Comisionado para la Figurita Difícil propició una reunión urgente en el patio del colegio 32, cerca del mástil. A pesar de estar ausente por piojos, Ragú Taburete decidió infiltrarse en el recinto escolar para reunirse con sus dos compañeros.
A menudo,un niño podría ausentarse sin autorización mediante lo que se conoce como “rabona” o “hacerse la rata”,pero nunca antes había ocurrido que un alumno con permiso para faltar asistiera clandestinamente como lo hizo Ragú.Este alteró su apariencia hasta volverse irreconocible; sin embargo, no logró engañar a la maestra Estefanía. La anciana docente regaba las plantas alrededor del mástil y también era directora del colegio Socorro. Según algunos rumores, enseñaba en el colegio 32 durante las mañanas y dirigía el Socorro por las tardes; otros afirmaban haberla visto en turnos opuestos.
El mono Garronero había estado investigando al falsificador y logró identificarla en ambos colegios al mismo tiempo. un artículo publicado por Berni Danguto en La Mañana mencionó esta peculiaridad gracias a un maestro anónimo que insinuó que Estefanía no pertenecía exactamente al mundo de los vivos.
“Niños,” comenzó Estefanía mientras dejaba caer su regadera. “No todos los días se atrapa al famoso Ragú Taburete in fraganti. Esta anomalia provocada por la figurita falsificada nos afecta a todos: sin orden no hay diversión ni aprendizaje. ¿Qué les parece si formamos una patrulla conjunta?”
los tres niños asintieron entusiastamente ante la propuesta. Con sus poderes misteriosos, Estefanía utilizó un método conocido como Josué para extender indefinidamente el recreo sin que nadie notara ningún cambio temporal.
“Cuando elegimos a Cuate Verdú como figurita difícil este año,” explicó Lin Pía ante una pregunta clave, “pensamos en sus bigotes torcidos como distintivo; su posición número cuatro lo hacía olvidable y su apodo representaba ese limbo entre ser recordado o caer en el olvido.”
“¿Sabían que perdería un partido 0-7?” preguntó sorprendentemente informada Estefanía sobre los resultados futbolísticos recientes. “¿Sabían también que descendería de categoría?”
Lin Pía negó con un gesto peculiarmente occidental: algo similar a asentir con la cabeza mientras Tomás intervino:
“No debe haberle agradado ser recordado como aquel defensor al cual le anotaron siete goles.”
“Más avergonzado debería estar el arquero,” reflexionó suavemente Estefanía mientras continuaba cuidando sus plantas.
“Pero él no es considerado figurita difícil,” concluyó Ragú Taburete.
Las palabras resonaron entre ellos como si fueran presagios divinos; incluso quien las pronunció sintió su peso:
“¿Quién querría ser recordado eternamente como alguien cuya figura simboliza derrota?”
“Nuestra cultura tiene más de tres mil años,” añadió Lin Pía con convicción. “Los promotores del caos jamás son olvidados; tampoco aquellos generadores de armonías perdurables han pasado desapercibidos entre los más de mil millones habitantes del Reino Medio.”
“Aquí ocurre lo contrario,” finalizó Tomás pensativo: “Un jugador cuyo nombre caería fácilmente en desuso será inmortalizado solo porque es considerado figurita difícil este año.”
El mono Garronero descendió desde algún lugar desconocido haciendo gestos cómicos e interpretando:
“El propio Cuate Verdú deseara terminar esta colección anual para poder ser olvidado”.
De inmediato enviaron al mono hacia Villa Pereza para confirmar telepáticamente si Cuate se encontraba allí realmente. Al mismo tiempo, Ragú llamó a Corcován mediante un chiflido supersónico y partieron hacia colegio 32 dejando atrás todo rastro anterior; Estefanía optó por quedarse atrás tras cumplir su función deductiva justo cuando sonó nuevamente el timbre indicando regreso a clase.
La Búsqueda Inesperada
Ragú Taburete carecía completamente de sentido orientativo y fracasaba frecuentemente académicamente hablando; además solía perder útiles escolares y siempre aparecía manchado con tinta debido a travesuras pasadas. Sin embargo, dedicaba tiempo valioso leyendo cómics clásicos tales como Patoruzú, Isidoro, Don Nicola o Langostino. Para alcanzar metas significativas confiaba plenamente en Corcován.Sin embargo ninguno pudo prever cómo Malandra Mandioca —el pequeño demonio asociado con desgracias— les superaría rápidamente durante esta aventura épica montando sobre Corcován casi más amistosamente que cual jinete real cuando avistaron velozmente pasar junto ellos algo parecido a un niño montando una criatura extraordinaria —quizá era una mezcla entre avestruz e hipogrifo— llevándolos irremediablemente hacia problemas mayores antes siquiera pudieran reaccionar adecuadamente ante tal eventualidad…
Las posibilidades eran claras: podría llegar primero Malandra Mandioca decidiendo así qué camino seguir (entre bien o mal) o bien podría llegar primero alguna calamidad impidiendo cualquier acción posible… la peor derrota sería simplemente permanecer inactivos frente tal adversidad! Así fue cómo espolearon juntos hacia adelante buscando evitar cualquier desenlace desafortunado…
Con cada paso dado parecía acercarse más esa sombra ominosa hasta quedar claro cuál sería finalmente ese desenlace unavoidable…
(Este primer caso protagonizado por Ragú Taburete concluirá próximamente).
