La Dificultad de Decir «No»: Un Análisis Personal
Reflexiones sobre la Aceptación y el Compromiso
¿Alguna vez has sentido que aceptas una invitación o un compromiso solo para evitar parecer poco amigable? Esta situación puede ser más común de lo que parece, y no necesariamente indica un problema con drogas o alcohol. En mi experiencia, es más bien una cuestión de dificultad para rechazar propuestas. He estado en esa posición, aunque no relacionada con sustancias. He aceptado trabajos que realmente no me interesaban por el simple hecho de que se me ofrecieron; ¿cómo podría ser tan descortés al negarme? También he asistido a reuniones sociales a las que no tenía ganas de ir por la misma razón. Además, he consentido en formar parte de grupos de WhatsApp que me resultan tediosos y los he silenciado casi inmediatamente después.
Este patrón refleja un defecto personal: mi reacción inicial suele ser agradecer cualquier oferta. Sin embargo, tras reflexionar sobre ello, frecuentemente me arrepiento. Aunque estas decisiones pueden parecer triviales, tienen un impacto acumulativo en nuestra autoestima y bienestar emocional.
La Importancia del Tiempo para Reflexionar
Consciente de esta tendencia a aceptar sin pensar, hace varios años decidí cambiar mi enfoque y darme tiempo antes de responder.
- «Déjame verlo y te doy una respuesta.»
- «Necesito discutirlo en casa; no estoy seguro si tenemos disponibilidad.»
- «Hablemos más tarde; por ahora prefiero recibir los mensajes solo yo.»
A veces digo sí y otras veces no, pero siempre después de haberlo meditado detenidamente. Ahora tengo el control sobre mis decisiones.
He indagado en las raíces detrás de esta incapacidad para decir “no”. En cuanto al ámbito laboral, creo que es relativamente fácil entenderlo: comencé a trabajar durante la época del conflicto por las Malvinas y viví diversas crisis económicas. Para muchos como yo -y sospecho que también para otras generaciones-, rechazar una oferta laboral se percibía como un lujo innecesario ante la incertidumbre del futuro laboral. Esa pregunta constante: “¿Y si luego falta trabajo?” nos ha llevado a convertirnos en adictos al trabajo.
Inseguridades Personales: El Miedo a Ser Excluido
En lo personal, aceptar compromisos tiene raíces diferentes. Desde pequeño sentía cierto temor a quedar fuera del grupo (aunque nunca lo expresé así). Creía firmemente que cualquier tensión generada podría resultar en exclusión social; era como si el grupo cobrara cuentas pendientes con aquellos considerados diferentes o conflictivos.
Con el tiempo comprendí que este comportamiento estaba relacionado con inseguridades profundas: el miedo a estar solo. Lo fundamental es identificar qué queremos realmente y cómo deseamos relacionarnos con los demás antes de adaptarnos forzosamente al entorno ajeno. Aunque soy consciente del problema -similar al proceso vivido por quienes luchan contra la adicción-, entiendo también que uno puede recuperarse sin llegar nunca a curarse completamente.
Por eso mismo debo permanecer alerta ante mis propias tendencias hacia la complacencia social.