Un Viaje por el Corazón de Santiago del Estero
Regresamos de Monte Quemado, una localidad situada a más de 350 kilómetros de la capital santiagueña. En el cómodo asiento trasero de una moderna combi, mis compañeros del Poder Judicial intercambian anécdotas mientras yo me sumerjo en un libro en mi Kindle. A través de la ventana, contemplo el paisaje que siempre había deseado explorar: el interior profundo y auténtico de Santiago.
Una Parada Inesperada
Durante nuestro trayecto, surge la idea de detenernos en Sacha Manta, un almacén famoso por sus salames. Nadie se opone a la propuesta y nos dirigimos al lugar. Aunque inicialmente encontramos las puertas cerradas, tras unos momentos aparece una señora que nos da acceso junto a su esposo. «¿De dónde vienen?», pregunta curiosa. «Somos gitanos», responde Federico con humor, provocando risas entre nosotros. «Nos dijeron que aquí venden los mejores salames», añado con entusiasmo. El hombre asiente y comienza a exhibir sobre una tabla diversas tiras del embutido local mientras yo me siento atraída por las enormes hormas de queso que adornan el lugar; pido algo elaborado con leche de cabra.
Una vez reanudamos nuestro viaje, continúo leyendo pero también observando atentamente los alrededores: montes frondosos y pequeñas casas dispersas a lo largo del camino. Los nombres en los carteles —Campo Gallo, Tintina y Huachana— evocan recuerdos vívidos relacionados con mi trabajo como Inspectora en la Justicia de Paz.
Recuerdos Vivos
Uno particular resuena en mi mente: el caso del señor C., quien llegó a mi oficina visiblemente afectado por su situación personal. Con su gorra sudorosa y camisa a cuadros verdes y azules,se sentó frente a mí mostrando signos evidentes del desgaste emocional.
«¿De dónde es usted?», le pregunté.»Nací en Amamá», respondió con nostalgia.
Le expliqué sobre la denuncia presentada por su esposa; él asintió comprensivamente antes de manifestar que había cumplido con las medidas judiciales al mudarse nuevamente allí.
Amamá…ese nombre resonaba dulcemente dentro mí mientras recordaba cómo solía ver ese cartel al pasar por la ruta hacia casa; evocaba imágenes entrañables llenas del estilo santiagueño: casas grises rodeadas por patios limpios donde se barre incluso la tierra para mantener todo ordenado.
Tradiciones Ancestrales
La vida rural tiene sus propias costumbres peculiares; recuerdo cuando una amiga foránea me preguntó si realmente barríamos nuestros patios: “Sí”, respondí sin dudarlo; es parte integral del cuidado diario para mantenerlos limpios y agradables para compartir momentos familiares o simplemente disfrutar un mate bajo los algarrobos centenarios que ofrecen sombra generosa.
En esos días pasados junto al campo también revivo memorias entrañables relacionadas con mi padre —un ingeniero zootecnista— quien regresaba cada tarde cubierto hasta las rodillas con barro proveniente tanto del suelo como del estiércol cabrío acumulado durante su jornada laboral. La cena habitual era un ritual familiar donde servía cabezas hervidas acompañadas por pan fresco; aunque mis amigas solían burlarse diciendo que estaba loca por disfrutar esos manjares exóticos para ellas nunca probados debido a sus diferentes contextos familiares.
Mi infancia estuvo marcada no solo por esas comidas sino también porque viajábamos juntos hacia tierras familiares donde él soñaba construir nuestra casa ideal rodeada únicamente por monte virgen lleno recuerdos ancestrales e historias fascinantes sobre fantasmas locales o héroes históricos como San Martín.
Reflexiones Sobre Pérdidas
La muerte trae consigo tristeza pero también nuevas oportunidades; perdí recientemente a mi abuela paterna junto con ella esa casa soñada construida ladrillo tras ladrillo entre árboles heredados desde generaciones pasadas hasta hoy mismo cuando aún persiste aquel algarrobo seco conocido popularmente como “el guardián” entre quienes transitamos este camino real lleno vida silvestre vibrante alrededor nuestro cada día nuevo amanecer después lluvias torrenciales inusuales este verano pasado según papá son ciclos naturales repetitivos propios ecosistemas locales únicos aquí presentes siempre esperando ser descubiertos nuevamente cada vez más profundamente adentrándonos juntos hacia ellos…
Alicio trabaja arduamente cuidando nuestra propiedad familiar desde hace años ya llega pedaleando diariamente desde Campo Nuevo moliendo maíz temprano cada mañana antes desayuno compartido todos juntos alrededor mesa rústica disfrutando sabores frescos cosechados directamente huerta propia cultivada amorosamente durante meses previos…
Hoy celebramos unidos brindis sincero levantando vasos hacia centro mesa agradeciendo todo lo vivido hasta ahora mirando horizonte lejano donde tierra parece moverse constantemente recordándonos importancia conexión profunda naturaleza misma así como nuestras raíces culturales compartidas eternamente ligadas entre sí formando parte historia colectiva rica diversidad presente aquí hoy…
Gabriela Álvarez es poeta, abogada y editora graduada en la Universidad nacional de la Plata. Ha publicado varios poemarios incluyendo “Migraciones” y “Poemas a Lucía”. Su pasión reside tanto en el arte como naturaleza misma participando activamente festivales literarios regionales además desempeñándose actualmente dentro Poder Judicial provincial coordinadora Justicia Paz agradeciendo aprendizajes obtenidos recorridos rurales vividos intensamente día tras día…
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